miércoles, 21 de mayo de 2008

NOTICIA DEL HERALDO DE HARAGON 3-05-08




Entrepayasos llena el Arrabal durante
cuatro días de libertad, narices y risas




Medio centenar de clowns de siete países
participan en talleres y ofrecen actuaciones
al público en varios escenarios y al aire libre



ZARAGOZA.Una joven con coletas
lleva a raya a su hermano pequeño,
que es un señor de 60 años al que le canta
una nana para que se duerma.
El famoso rey Arturo de Camelot es un tipo
más rústico que un arado a quien el trovador
ha de abrir la puerta del castillo
porque se le han olvidado las
llaves en la otra armadura.Un señor
que atiende por el nombre de
Serrucho quiere colgar de las
cuerdas una guitarra porque está
convencido de que es una butifarra.
Todo esto tan raro está ocurriendo
estos días en Zaragoza, y
no en un manicomio… sino en el
encuentro Entrepayasos, que se
celebra hasta este domingo en el
barrio del Arrabal.
Medio centenar de personas de
siete países (Bélgica, Italia, Austria,
Holanda, Argentina, Francia
y España) se han reunido en el
centro cívico Estación del Norte
para participar en diversos talleres
sobre técnicas de clown. Algunos
son simples aficionados y
otros, verdaderos profesionales
que se ganan la vida haciendo payasadas.
Entre estos últimos se
encuentra Toño Zarralanga, uno
de los organizadores de Entrepayasos.
“Cada profesor tiene su
método”, explica, pero asegura
que uno de los ejercicios fundamentales
es “provocar el juego,
porque el payaso siempre está jugando”.


Ojo, crea adicción
En uno de los talleres para aficionados,
el profesor Félix Moreno
ha puesto a los alumnos por parejas,
de modo que uno sea el hermano mayor
y el otro el pequeño.
“Disfrutad de cada carácter”, les
dice. Aquí se ve una hermana severa
con un hermanito tímido,
allá un chico con un hermanillo
un tanto pesado que le da la vara
pidiendo una Coca-cola, acá un
hermano que ayuda a su hermana
a pasar por sitios difíciles…Todos
son personas de entre 18 y 60
años que han dejado algo en la
puerta antes de entrar: las inhibiciones.
Al salir de otro de los talleres,
que imparte la valenciana Lluna
Albert, una rubia holandesa de 27
años llamada Amber dice sonriente
que “es lindísimo compartir
lo que es el clown”. Conoció a
Toño, el organizador de Entrepayasos,
en Ibiza, y se ha venido de
propio a Zaragoza para “encontrarme
con otros payasos, compartir
y aprender”, dice.
Como aprendió español estudiando
en Argentina, Amber no
tiene problemas con el idioma, y
aunque ahora está entusiasmada
con el clown“porque es libertad”,
antes no opinaba lo mismo. “Empecé
con el clownporque alguien
me lo recomendó y la verdad es
que no tenía muchas ganas, me
parecía algo tonto y raro. Pero decidí
probar y me enganché, ahora
siento que soy un poco adicta”,
confiesa.

En un país no muy lejano
Los cuatro miembros de la compañía
zaragozana Teatro Indigesto,
que ensayan con David Ardid
como profesor en otra de las salas,
también loan las virtudes de
esta disciplina artística. Uno de
ellos, que dice llamarse simplemente
J. J., se autodenomina payaso
con orgullo y asegura que
siéndolo “eres más feliz que el
resto de los mamíferos”.Nariz roja
en ristre, él encarna en los ensayos
al famoso caballero andante
Lanzarote del Lago… que aquí
resulta ser un pupas quejica.
Y es que en el Camelot de Teatro
Indigesto hay poco de épico y
mucho de atípico: un mago Merlín
convertido en vecino pelma y
cotilla, una Ginebra cuyas aficiones
alcohólicas hacen honor a su
nombre y un rey Arturo… que, en
palabras de David Ardid, parece
más bien “supermaño”.
El juglar que canta sus gestas es
Laura, una ex alumna de la Escuela Municipal
de Teatro de Zaragoza
que formó con cuatro de
su compañeros hace un año esta
compañía, con la que han estrenado
ya los montajes “Indigestión
desclowntrolada”, “¿Tragi?comedia
de Calisto yMelibea” y el infantil
“Pumba pumba eo”. Para
Laura, el payaso “es ternura y te
da libertad”. Y su compañero Alberto
agrega: “Es terapéutico”.
David Ardid, que fue miembro
de la compañía Nasú y ahora dirige
este taller avanzado de
clown, tiene como máxima que
“la esencia del clown es hacer lo
que te dé la gana”. Y ello porque,
a diferencia de lo que ocurre con
el trabajo actoral con personajes
convencionales, un payaso no está
constreñido por un perfil psicológico
estricto ni tiene por qué
respetar la lógica habitual. “Al payaso
le pasan cosas, no es que las
cuente, le pasan de verdad, y eso
es lo más maravilloso que hay.
Produce un gran placer y si la
además gente se ríe contigo... ¡es
brutal!”, dice Ardid.
Un clown es como un niño, capaz
de sacar de sí todo lo que la
imaginación le permita, exista o
no en la realidad, sea o no aceptable
para el sentido común vulgar.
“Es un juego, como el de los
chavales pequeños”, resume su
alumno Alberto.



Pasen y vean
Entrepayasos no es solo una reunión
de personas que quieren hacer
el payaso, sino que ofrece
también un programa de actuaciones
abierto al público. Los profesionales
que presentan sus espectáculos
lo hacen sin cobrar
por ello, recibiendo únicamente
alojamiento y manutención a
cambio, además de los conocimientos
que puedan adquirir del
intercambio de experiencias con
el resto de los colegas participantes.
Toño Zarralanga, que por segundo
año se ocupa de organizar
Entrepayasos, está muy contento
de las instalaciones que tienen esta
vez, pero se lamenta de que el
presupuesto sea de nuevo más
bien escaso: solo 4.500 euros,
aportados por el Centro Dramático
de Aragón, Saica y la Junta de
Distrito del Arrabal.Con eso, aunque
los participantes en los talleres
pagan su inscripción, no da ni
siquiera para pagar una habitación
a todos los participantes de
fuera, por lo que hay gente repartida
en casas particulares, en el albergue
Franco y López y hasta el
el local de la asociación Encuentra
Encuentros, a la que Zarralanga
pertenece.
No obstante, este año han subido
de 9 a 15 las actuaciones programadas.
Ayer, el dúo clásico de
payasos formado por Kini y Serrucho
hizo reír a niños y adultos
en el parque del Tío Jorge, mientras
que MartadeMarte tenía programado
por la noche un espectáculo
en la plaza San Gregorio,
para el que iba a contar con la colaboración
especial del actor aragonés
Jaime Ocaña a la guitarra.
En escena, además de gente de
fuera como los malagueños Circozú
o los barceloneses El Punto
Rojo, también hay diversos artistas
autóctonos, caso del turolense
Rufino Ródenas o la compañía
Nostraxladamus, con actores de
Huesca y Zaragoza.
Además, otros profesionales locales
también han prestado algún
tipo de apoyo a los organizadores
de Entrepayasos, como Jorge Asín
y Francisco Fraguas, de Los
McClown.

R. C. L.

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